Hay una conexión entre nuestro cuerpo y nuestra mente. El cerebro traduce nuestros pensamientos y sentimientos en impulsos que se envían al cuerpo, y el cuerpo reacciona a lo que está pasando en nuestra mente. Creencias, emociones y actitudes se manifiestan corporalmente.

Esta conexión fundamental no nos agota como seres humanos. El espíritu es esa parte intangible de nuestras vidas que nos conecta con algo más grande, una energía que nos atraviesa en cada célula. Es lo que nos une con el todo y nos relaciona con lo inmaterial de la existencia, como la capacidad de amar o de sacar fuerzas de lo más profundo de nosotros mismos. Se asocia al propósito y al sentido de la vida y podemos llamarlo de muchas maneras: fuente, dios, naturaleza, universo, inteligencia colectiva, matriz.

Trabajar cuerpo, mente y espíritu en vinculación y armonía brinda un equilibrio saludable con quienes somos y con nuestro entorno. Este equilibrio nos permitirá incluso atravesar con la energía alta los momentos más adversos.

¿Estoy o no equilibrado? ¿Evoluciono o involuciono? ¿Me estanco o crezco? ¿Me vinculo genuinamente con el entorno o el entorno me influye y condiciona? ¿Soy “uno” o estoy en estado de separación conmigo mismo y con el universo?

La clave está aquí y ahora y en nosotros mismos. Tenemos el poder de construir nuestro propio ser en libertad y de hacerlo en este lugar y en este tiempo, porque son el sitio y el instante de estar vivos, de empoderarnos y de traer la energía que perdimos inconscientemente en el camino.

En equilibrio, nuestra visión se expande en consciencia plena y podemos desarmar los sentimientos de separación que muchas veces nos invaden. La identificación con nuestros cuerpos individuales crea esta sensación irreal de estar separados, solos y abandonados, no queridos y faltos de amor. Pensamos que alguien más allá de nosotros mismos nos juzga o nos resuelve la vida, nos olvidamos de quiénes somos en realidad, sentimos temor.

Somos mente que trasciende el cuerpo y estamos en estrecha relación entre todos y con el todo del que formamos parte. El “afuera” que juzga se diluye en la unidad con el todo creador. No hay castigos ni jueces. Ni blanco contra negro, ni tuyo contra mío. El principio filosófico del Yin Yang enseña que lo negativo y lo positivo son dos fuerzas complementarias inseparables, presentes en todas las cosas.

Detrás de una preocupación o de un sufrimiento hay un modelo mental creado desde esa idea de separación. Somos seres multidimensionales que nunca nos hemos separado, lo que nos rodea es nuestra creación individual y colectiva. ¡Corramos la atención y la energía de lo negativo y concentremos nuestro poder en aquello que sí queremos ver manifestado. Las respuestas no están afuera. Hemos creado nuestro entorno y podemos modificarlo! Somos los creadores de nuestras propias vidas, los únicos capaces de absorber aprendizaje y de trascenderlo a través de perdonar y de perdonarnos, soltando los juicios creados a partir del sentimiento falso de separación.

Así, compartiremos sin miedo nuestras necesidades, aprovechando al máximo cada segundo de esta encarnación. Desde el amor, aceptaremos a los demás y a nosotros mismos tal cual somos, sin juicios, aprendiendo a complementarnos y a vivir en comunidad.

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